Presentarme a las oposiciones pero… ¿por dónde empiezo?

Hola a todos, hoy tengo el placer de presentaros a Rocío Trujillo.

Rocío es una opositora para educación primaria. Es una luchadora igual que muchos de vosotros, porque aunque los resultados que ha obtenido no han sido los esperados por su esfuerzo y dedicación, sigue luchando por conseguir su sueño.

Conseguir una plaza.

Ella nos cuenta su experiencia con la oposiciones, seguro que cuando la leáis os sentís identificados en muchos aspectos con ella. Al fin y al cabo, todos pasamos por los mismos estados de ánimo, aunque a veces creamos que solo nos ocurre a nosotros.

Estoy segura que podréis aprender algo de su experiencia.

¡Os dejo con Rocío!

(Este es un post invitado de Rocío Trujillo)

Seguramente os haya surgido alguna vez esta pregunta igual que me surgió a mí.

Yo sabía que después de la carrera de magisterio, esto era lo que tocaba; lo que no sabía era toooooodo lo que había detrás: miedos, incertidumbre, inseguridad, decepción, desconfianza,…

Perseguir un sueño

Ya me quedaba menos. Acabé la carrera en 2011, pero no me podía presentar a oposiciones hasta 2013.

Recién salida de la facultad y más perdida que Tarzán en un centro comercial, no veía el momento de “meterle mano” al mundillo de las oposiciones, más que nada, porque no sabía por dónde empezar.

Siempre he soñado con ser “seño”. Desde pequeña ya jugaba a serlo, incluso “corregía” las revistas y periódicos que encontraba.

Me di un tiempo. Me dije: “de momento, empieza a dar clases particulares y cuando alguien te informe de cómo van las oposiciones, pues ya te presentas”.

Así que cogí el camino más fácil, me olvidé de tema “oposiciones” y me puse a dar clases particulares. Durante ese año, surgen un montón de preguntas como: “¿he hecho una carrera para terminar ahora dando clases particulares?, ¿y ahora qué?, ¿me dedico un tiempo a esto y ya luego voy viendo…? Como no tenía respuesta… seguía por el camino fácil.

El tiempo pasaba, el run run seguía ahí y no encontraba a nadie que me informara, esa persona “no aparecía”.

Las clases particulares me iban bien, me involucraba mucho con los niños y niñas, las mamás estaban contentas y yo me daba cuenta de que eso era lo que quería, pero en un cole de 9:00h. a 14:00h. Así que si “la montaña no va a Mahoma, Mahoma tendrá que ir a la montaña”. Tarde o temprano tenía que hacerlo.

Valor y “al toro”

El tiempo volaba, y cuando me decidí a buscar información sobre las oposiciones, ya estaba avanzado el año 2012. La próxima convocatoria era en junio de 2013; vamos, que apenas me quedaban unos meses.

Me organicé de manera que por las mañanas y los fines de semana era cuando le podía dedicar tiempo a este asunto. Así lo hice. Pero…demasiada información para una novata: leyes, órdenes, decretos, temas, programación, unidades didácticas, materiales manipulativos, convocatoria de examen, tasas,… what? ¿En qué lio me voy a meter?

Fue así cuando “esa persona apareció”. Topé, de casualidad, con aquella desconocida que se convirtió, con el paso del tiempo, en alguien importante en mi vida, mi guía, mi ejemplo.

Yo decía: “parece que entiende, se ve maja y lo explica todo muy bien en su canal de Youtube”.

Aquí tenéis algunos de los vídeos que encontré:

Así que decidí ponerme “manos a la obra”. Recopilé todo tipo de información que yo veía necesaria para intentar enfrentarme, por primera vez, a las pruebas de la oposición.

Con tan poco tiempo, decidí preparármelas por mi cuenta y con la ayuda de de mi “desconocida amiga”, pero ella no lo sabía.

Fui al examen, pero claro estaba, no aprobé el escrito así que no fui al oral. Como anécdota contar que me dio tiempo a mirarme la primera mitad del temario y las bolas que salieron fueron justo de la segunda mitad. Mala suerte también, qué le vamos a hacer…

Sin embargo, recuerdo, que el caso práctico sí lo aprobé y ahí fue cuando dije: “Jolín, si con tan poco tiempo he sido capaz de aprobar el caso práctico aunque haya tenido mala suerte en el sorteo de las bolas de los temas, para la siguiente convocatoria, con 2 años por delante, y contando con que me apuntaré a preparador/a o academia, no debe de irme mal”.

De todas formas no me sentó muy mal suspender, yo sabía que no iba bien preparada.

¿Preparador/a o academia?

Ahora era el momento de decidir qué opción sería la mejor. Y es cuando empecé a buscar por algunos foros si alguien me daba consejo.

Hay opiniones de todo tipo. A algunos les va mejor en academia, a otros, preparador. Así que la duda no me la resolvían del todo.

Tal fue mi asombro, cuando descubrí que “aquella desconocida” que me había ayudado sin ella saberlo se iba a adentrar en el mundo de preparar oposiciones, que ¡vi el cielo abierto!

Es cierto que cerca de mi pueblo hay una academia con buena fama, muchas personas que conozco estaban allí, y hablaban bien de ella. Pero es que, yo no veía nada más allá de querer prepararme con ella, con Almudena Palacios.

Si ya me ayudó cuando estaba muy muy muy  perdida, ahora que sabía un poquito más de lo que iba el asunto, sería más fácil. Así que le escribí, contándole mi situación y estuve en su preparación online durante 2014 y 2015.

La clave está en la organización

Esa era una de las frases que mi preparadora más repetía a lo largo de la preparación. Y estaba en lo cierto. Yo ya de por sí, soy una persona organizada, me gusta que todo esté bien estructurado para saber por dónde llevar las riendas, así es mucho mejor el manejo del estudio, en este caso.

Bien, lo primero que hice fue dejar una balda entera de mi estantería dedicada a las oposiciones: temario impreso, pasos a seguir para hacer la programación, pautas para los supuestos prácticos, ejemplos de unidades didácticas, toda la legislación vigente, los decretos de las comunidades autónomas dónde me iba a presentar…y un sinfín de apuntes, carpetas y folios, muuuuuuuchos folios.

Lo próximo que hice fue estructurar mi día en un planning. Así no había lugar a la desorganización ni pérdida de tiempo. Era éste:

planing oposicion

Es importante cumplirlo, ponerse retos diarios, semanales,… y si no se cumple, reflexionar y valorar por qué no lo estamos siguiendo si sabemos que eso nos va a llevar hasta donde queremos ir. A veces, es cuestión de organización.

¿Señales….?

Os cuento otra anécdota que me pasó en 2015.

Llegó año nuevo, ese esperanzador 2015, donde en junio eran mis primeras oposiciones serias, digamos. Ya iba bien preparada, esta vez con todos los temas aprendidos (cierto es que unos gustan más que otros, pero no podía arriesgarme a dejarme ninguno, ya que el sorteo de las bolitas pueden traicionar…), bien mirada la parte de cultura general en el caso de Madrid, y bien practicados los supuestos prácticos en el caso de Andalucía. Si no coincidían ambas comunidades autónomas, allá que iría a las dos. Así fue.

Un domingo fui al examen escrito de Andalucía, y dos días después, al escrito de Madrid.

Vale, hasta ahí, todo normal.

A principio de año, como bien os digo, de repente, todo a mi alrededor estaba conectado con el número 23. Veía ese número por todas partes.

23 es el día de mi cumpleaños. Si iba por la calle y miraba algún coche, su matrícula tenía un 23. Encendía la tele, le daba volumen, y aparecía en el número 23. Conocía a alguien, le preguntaba la edad, y resultaba que también tenía 23. Tenía a algún alumno nuevo en clases particulares, grababa el número de la mamá en mi móvil y también acababa en 23…. Había más ejemplos, pero es que ya no recuerdo… Era en plan… ¿será una señal y caerá el tema 23? Siendo así, no me importaba que cayera ese, de hecho, eran de mis preferidos, porque la parte de matemáticas es la que más me gusta.

Total, que tal caos tenía ya en la cabeza con ese tema, que digo mira ojalá sea ese. Así que lo llevaba a la perfección, por lo que pudiera pasar, nunca se sabe.

En Andalucía ya no recuerdo cuales tocaron, pero ninguno de mates. Creo que tocó el 1 (que no me gusta nada) y el 8,  pero no estoy segura. Llegó el día del examen en Madrid.

Me gustaría que hubieseis visto mi cara, cuando en la primera bola salió el número 23. Ni me acuerdo cual fue la segunda bola, con eso os lo digo todo. Después de mi shock, me puse a redactarlo como loca.

No todo depende de ti…

Como os iba contando, estaba súper contenta. ¡El tema me lo sabía perfectamente! La parte de cultura general, a mi parecer, también la había hecho bien. Al llevar años dando clases particulares, los contenidos los reforzaba a diario, añadiendo los que me estudiaba aparte, por si me preguntaban: autores y obras, mapas físicos, políticos, relieve…

Salí del examen, después de 4 horas muy muy feliz. Lo primero que hice fue llamar a mi madre para decirle que me había salido el tema 23 y que me había salido muy bien, que creía que tenía buena nota.

Se me hicieron los días eternos hasta esperar el resultado.

El resultado llegó. En Andalucía pasaba al oral con una nota baja en el escrito (un 5 y poco…). Dije bueno, aun queda ver la de Madrid, seguro que tengo mucha más.

Por un lado, estaba ansiosa por saberlo, pero por otro, tranquila porque me había ido genial (desde  mi punto de vista claro).

Llegó el esperado día. Enciendo mi ordenador tan ilusionada y cuando miro… un 4.8… ya os podéis imaginar la cara que se me quedó. No me lo podía creer. ¿Esa nota? ¿En serio? ¿Por qué? ¿Ni un triste 5? ¿He sacado más en Andalucía que en Madrid, sabiéndome mejor el 23?

Cuando te sientes al límite…

He de decir, que cuando llegas a marzo y vas tirando desde septiembre con dos oposiciones, que vale que sean las mismas, pero cambian leyes, decretos y programación…ya la mente está cansada.

En el caso de Madrid, la programación es de un área, en el caso de Andalucía globalizada. A eso le sumas hacer los materiales manipulativos para ambas, que algunos pueden servir para las dos comunidades, pero la gran mayoría no.

Puse en una balanza que en el caso de no coincidir iba a las dos, pero en el caso de que sí, tendría que decidir a qué comunidad presentarme. Anoté pros y contras y por el tema de interinos, mi mejor opción era Madrid. Así que sobre ese mes, marzo, decidí centrarme en Madrid y dejar Andalucía, era preferible llevar bien una, que “a medias” las dos.

Al tener más tiempo, podía hacer mucho más materiales manipulativos y currarme las sesiones de las unidades didácticas.

¿Todo esto para qué? Suspendo en Madrid y tengo que ir al oral de Andalucía. Con la programación que no estaba acabada (porque allí se entrega cuando vas al oral; en Madrid se entrega en el escrito), con 60 materiales de matemáticas (que era el área que yo había elegido para Madrid, de los cuales solo me servían algunos para Andalucía), y con nada de materiales de las otras áreas. Tampoco tenía planteadas, ni siquiera, las unidades didácticas.

Eso, a tan solo unas 2 semanas para ir al oral. Imaginaos mi estado de nervios, ataques de ansiedad, desilusión, decepción,… al verme que en 15 días tenía que hacer para Andalucía un trabajo que tardé para Madrid meses. Pero… ¿qué hacía? Ya que aprobé el escrito, no iba a perder la oportunidad de ir al oral.

Total que fui. Como pude, con lo que pude, fui. Nada a gusto con lo que llevaba, pero bueno, lo tenía que defender de la mejor manera posible.

Me dediqué esas dos semanas mañana  y tarde (ya no había cole así que no tenía clases particulares) a terminar “medio qué” la programación y a hacer las unidades didácticas con sus materiales manipulativos (no tantos como me hubiera gustado, pero no me daba tiempo a más).

Luego tenía que estudiarme las exposiciones. Y ensayar, ensayar, ensayar, ensayar…

Todo esto manteniendo al corriente a Almudena, pobrecilla, padeció conmigo lo que no estaba escrito…

Llegó el día del examen oral, y allí estaba yo, como si lo mío fuese lo mejor del mundo, cuando por dentro estaba diciendo: “madre mía, madre mía…”

Expuse la programación, la unidad didáctica y cuando terminé, escucho a un miembro del tribunal que me dice: “Una pregunta…” Y yo pensando…. “noooo por favor….quiero irmeeeeee”…

“Sí, dígame…”- le dije. Y me pregunta: “¿Puedo quedarme con todos los materiales que has traído?” Y yo pensando…. “¿en serio me está diciendo que quiere llevarse todo lo que he hecho? ¿Todos los materiales que traigo de todas las unidades? Vamos… ¿toda la maleta?

Y sí, efectivamente quería eso, pero me salió decirle que no. Yo ya no sabía si era una pregunta trampa a ver qué respondía, si me lo estaba preguntando de verdad o qué…solo sé que mi respuesta fue que no le daba los materiales.

Salieron las notas. Un 4.7. ¿Si le hubiera dado los materiales….? ¿Os imagináis que la nota hubiese sido la misma y encima me quedo sin nada? No podré llegar a saber qué hubiese pasado.

Me sentí muy mal. Después de todo, estaba suspensa. ¿De qué sirvieron los ataques de ansiedad, el estrés, el esfuerzo y tiempo que dediqué?…

Todo pasa y vuelve la motivación

Pasé el verano como pude, sin salir de mi asombro. Primero por la nota de Madrid, y luego por la de Andalucía. Pero seguí rodeándome de compañeros y compañeras que estaban en la misma situación que yo, que han vivido conmigo esos años anteriores, que nos hemos apoyado mutuamente.

Y se nos ocurre la idea de, que en vez de esperar otros dos años para volver a Madrid o Andalucía, por qué no miramos a ver si hay otras comunidades autónomas que tengan el examen al año siguiente, en 2016.

Todo lo tenemos fresco y a cuántos más sitios vayamos, mas posibilidades hay de entrar. Ya luego bajaremos a nuestra tierra. Nosotros queríamos trabajar en nuestro sueño.

Así que las opciones eran Murcia y Castilla-La Mancha. Ya era más fácil, porque tenía unos temas ya redactados y estudiados (solo era cambiar legislación y aspectos en contenidos, criterios…).

Tenía que amoldar la programación y ver qué podía servir y que no. Aunque opté por cambiar entera la programación. Si tenía hecha Matemáticas, ahora la haría de Lengua Castellana y Literatura. Así cuando tocase ir a  Andalucía de nuevo, tendría la base de 2 áreas, solo quedaría hacer la otra mitad de la programación globalizada.

Así me organicé y así lo hice. Seguí con la preparación online de Almudena, porque al ser otras comunidades autónomas necesitaba saber qué cambios había allí. El año fue bien, con sus nervios, su estrés, sus momentos de bajón, enfermedades en la familia, ruptura sentimental… pero ahí estaba ella siempre, con sus charlas de motivación y autoestima.

Finalmente coincidían los exámenes, así que nos decidimos por Castilla-La Mancha ya que había más plazas que en Murcia.

Como anécdota de ese año, puedo contar que no había ningún sitio para quedarse ese fin de semana por Albacete, que era la provincia del examen. No había sitio en hoteles, ni en hostales, ni en camping, que también contemplamos esa posibilidad… pero nada de nada.

Terminamos alquilando una casa rural con 8 opositores más de distintos lugares en un pueblo cercano a la provincia. Conocí a gente nueva que contaba sus experiencias vividas. Algunos interinos, otros novatos, unos con más suerte, otros con menos… en resumen, allí estábamos pasando los nervios como podíamos hasta que llegó el siguiente, día del examen.

Recuerdo que salí contenta del examen escrito, tocó el tema 2 y uno de lengua, creo que el 16, que fue el que hice. Después de ver lo ocurrido en 2015 en Madrid,  salí del examen con buena sensación, pero todo podía pasar. Lo mismo aprobar que no. Es así, cuestión también de suerte…

Llegaron las notas. Un 4.8….otro 4.8…. no me lo podía creer, ¿tampoco aprobé? Reclamé y me contestaron. La excusa fue que la mitad del examen tenía faltas de ortografía.

¿Perdón? Yo que nunca he tenido faltas de ortografía… Que es verdad que a lo mejor, por ir más deprisa en el examen, alguna tilde…. Pero vamos, no creo que fuese el caso. Y si fuese,… ¿solo tenía la mitad del examen con faltas y la otra mitad no? Surrealista… Total que no subieron la nota y me quedé suspensa sin poder ir al oral.

Volví a pasar el verano como pude. Me apunté a un curso de monitor de ocio y tiempo libre, por aquello de despejarme y pasar el mes de agosto de una manera diferente. Acerté, fue una pasada, y encima tenía prácticas más adelante.

Cuando llegó septiembre, pensé de nuevo en oposiciones, en qué podría cambiar, porque es que más de lo que ya había hecho…Pero se me ocurrió algo que hacer. Quería agotar todas las posibilidades existentes.

Decidí que iba a dedicarle la mayor parte posible del tiempo a las oposiciones incluyendo aumentar el baremo.  Ahora tenía que organizarme de nuevo y dejar de lado lo que fuese posible. No dejé el trabajo de aula matinal. Me venía bien porque así madrugaba, iba al cole de 7.30h a 9:00h, y no me cortaba la mañana.

Tampoco dejé de dar las clases extraescolares en el cole de 16:00h a 17:00h porque era solo una horilla y así salía y me despejaba. También me venía bien el dinerillo de ambas cosas para ir pagándome los materiales que me hacían falta para materiales y demás aunque mis padres me ayudaban.

Además, tenía que dejarle hueco por las mañanas durante 2 meses a la guardería donde iba a hacer las prácticas del curso de verano. Y por si fuera poco, al no tener apenas baremo, decidí apuntarme a clases de francés para obtener el título de B1.

Así que la única opción que me quedaba, para tener tiempo de estudio, era dejar las clases particulares que me absorbían toda la tarde. Llamé a las mamás de los niños y niñas, diciéndole que lo sentía mucho pero que iba a intentar dedicarle todo el tiempo posible a las oposiciones, para al menos, entrar de interina y que me fueran llamando. Las mamás lo entendieron perfectamente, aunque les hice la faena, pero por una vez en mi vida fui un poco egoísta.

Y así pasaron los meses: septiembre, octubre, noviembre, diciembre,…

Llega enero, y me entero de una noticia que estaba circulando. La noticia era que no sabían si iban a convocar oposiciones de Primaria o no.

O sea, que me entero de… ¿que después de llevar 4 meses dejando de lado parte de mi trabajo, amistades, familia… y saliendo de mi habitación solo para comer, no se sabe si va a haber oposiciones? Esto era ya el colmo…

Volvieron los momentos de ansiedad, estrés, pensamientos negativos, días negros… y hasta barajé la opción de cambiar de especialidad, ya que el rumor de no convocar era solo para Educación Física, Infantil y Primaria.

Pensé en presentarme a Pedagogía Terapéutica o Audición y Lenguaje. Pedí opinión a mi entorno, me descargué algún tema de muestra pero vi que no sería capaz de aprobar. Además, a mi me gustaba Primaria, y en pocos meses no podía preparar una oposición desde 0 y encima de otra especialidad. Así que decidí no hacerlo. Decidí seguir con Primaria hasta que el rumor se confirmara en sí o en no.

Pero el tiempo pasaba y no decían nada claro. Yo estaba cada vez más desilusionada. Cuando me ponía a estudiar no estaba igual de concentrada porque pensaba: “¿Y si luego no hay y estoy perdiendo el tiempo? ¿Y haber dejado las clases particulares para que luego no haya oposiciones?”

Me sentía muy muy mal. No entendía cómo podían estar jugando con los opositores, como nos podían tener en ese “sin vivir” constante, como podían cambiar las cosas de un día para otro…

También me quité de las clases de francés. El ritmo de B1 no era fácil y sin apenas haber dado francés, yo tendría que empezar desde un nivel más bajo, pero claro, para ello no había tiempo y más si no iba a haber oposiciones, ¿para qué me iba a servir?

Nuevo cambio en mi vida…

Me pasé unos días pensando que no podía seguir “perdiendo el tiempo”. En ese momento yo sí consideraba que lo perdía, sentándome día tras día frente a unos apuntes que a lo mejor no iba a poder redactar en el examen, o practicando una cultura general, que está muy bien saberla, sí, pero que no me iban a dejar la oportunidad de explicarla ese día de junio que serían las oposiciones.

Uno de esos días en lo que todo lo ves más negro que el ombligo de una cucaracha, se me volvió a venir a la mente seguir con las clases particulares. Total, por lo menos sentía que aprovechaba el tiempo y ayudaba así a los niños y niñas. Pero claro, estaba finalizando ya el segundo trimestre escolar, estaba cerca la Semana Santa y los alumnos y alumnas que necesitaran clases ya estarían apuntados en algún sitio, como era lógico. Pero pensé que por intentarlo no pasaba nada.

Tiré de agenda y de los peques que en septiembre les había dicho que “iba a abandonarlos”.

Expliqué de nuevo la situación y que entendía que no viniesen, pero que yo lo tenía que intentar.

Total, cuál fue mi sorpresa que para el tercer trimestre tenía ya apuntados a unos 10 niños, de los cuales tenía también para formar grupos. He de decir que mis clases siempre han sido individuales, pero como iban a venir algunos niños que estaban juntos en la clase del cole, pues a ellos sí los podía poner en el mismo grupito de clase por la tarde.

Ahora tenía un pequeño problema. En la casa de mis padres, no había sitio para meter a grupos. Es un piso pequeño y la habitación que yo dedicaba a las clases, no era lo suficientemente grande. Así que por cosas de la vida, llamadlo casualidad o llamadlo destino, me topé con un piso en alquiler, bien de precio y muy acogedor. Era una locura, pero no tardé ni 1 mes en estar independizada y con mis grupitos de clases particulares. En parte estaba contenta, pensaba que si no salían oposiciones, por lo menos me dedicaría a hacer lo que me gusta, dar clase.

Ahora venía un cambio porque ya tenía que llevar una casa, con lo que eso conlleva: lavadoras, comida, limpieza, gastos económicos…además de aula matinal, extraescolares y clases particulares. Pero podía hacerlo porque ya “no iba a haber oposiciones”. Así me tiré unas dos semanas.

De nuevo otra sorpresa… A las dos semanas de mi “nueva vida” me entero de que sí. De que sí han decidido convocar oposiciones al final…

¿Otro cambio?

No me lo podía creer, ¿ahora sí?, ¿antes no?, ¿van a seguir jugando conmigo?, ¿será de verdad?, ¿ahora qué hago? La respuesta estaba clara. Llevaba desde septiembre dedicándome a ellas, tenía que presentarme.

Pero claro, ahora no podía dejar las clases particulares, si no las mamás ya me iban a “odiar” y con razón. Aunque no sea culpa mía todos estos cambios, yo entiendo que las mamás y demás personas de mi alrededor no entiendan este mundillo, y yo ya, como persona, no iba a permitir volver a “abandonar” a los peques, después de que volvieron a mi terminando el curso.

No podía hacerles esto de nuevo. Así que nada, ya sí que no tenía nada de tiempo libre, porque por las mañanas me dedicaba a volver a temas, programación y unidades didácticas. Mi día a día era de lo más ajetreado: aula matinal, desayuno, oposiciones, almuerzo, extraescolares, particulares, ducha, cena, dormir… así durante los meses que quedaban hasta el día del examen.

Increíble pero cierto…

Sé que va a parecer un poco surrealista ya, pero durante el tercer trimestre escolar, durante todos los días ajetreados que llevaba, llegaba la noche y seguía soñando con las oposiciones y con los dichosos temas.

Ahora esta vez era otros números…el 4 y el 14. Fuera uno u otro, los dos tenían un cuatro… ¿otra señal?, ¿en serio se va a volver a repetir lo de aquella vez de Madrid? Y qué casualidad que esta vez iba otra vez a allí…

Pues sí, a mi alrededor ahora estaba ese número. Unas veces el 4, otras veces el 14. Yo no me lo podía creer.

Os pongo algunos ejemplos: nací en abril (mes 4), el bloque del piso donde vivo es el 34 (acaba en 4), mi puerta es la letra D (cuarta en el abecedario), murió mi abuelo, sumé los dígitos de la fecha de su muerte y al final me daba 4, se llamaba José (4 letras), en el tanatorio nos tocó la habitación 4 (cuando la 1, 2 y 3 estaban vacías), el examen escrito resultó ser un 24 de junio (también acaba en 4) y muchas cosas más… Solo veía cuatros y catorces, incluso en las cosas más insignificantes pero… que casualidad ¿no?

Llegó el día antes del examen escrito. Ya estábamos mis 3 compañeros y yo (4 en total) instalados en el hotel, con los nervios típicos de ese día. Se nos ocurrió dar el último repaso a algunos temas.

Claro, yo dije: “vamos a repasar el 4, 14 y 24 primero….que son los que tienen un cuatro…que mira que luego caen….como el 23 en Madrid”. Me hicieron caso. Lo “fuerte viene ahora”.

Estamos repasando el tema 14. Llaman a mi amiga por teléfono, deja su tema en lo alto de la cama, y se mete en el baño para contestar la llamada. Cuando vuelve… ¡el tema no estaba…!

Nadie lo cogimos ni lo escondimos.

Esto ya era surrealista. Nos pusimos a buscarlo, porque claro, tenía que estar, el tema no tenía patas para irse. Nada.

Miramos hasta en el armario, baño, retiramos el colchón, mesitas de noche, sábanas, escritorio… Nada de nada. Tampoco estaba traspapelado entre los apuntes de los demás… De hecho nos vinimos al pueblo y mi compañera se vino sin su tema 14. Fuerte… ¿eh?

Yo ya lo tenía claro. Iba a salir el 14 en una de las bolas al día siguiente.

Efectivamente. Una bola era el 14, la otra no la recuerdo, porque estaba claro qué tema iba a elegir para desarrollar.

Otra vez se repetía la historia. Otra vez salía el número que me había acompañado a mi alrededor durante todo este tiempo. Otra vez lo tenía muy machacadito como para no quedarme a décimas del aprobado como en ocasiones anteriores.

Otra vez salí muy contenta del examen. Otra vez llamé a mi madre para decirle que había tocado el 14. Otra vez que le transmití a mi preparadora la alegría que tenía… y…otra vez que volví a suspender. Esta vez con un 4.85.

Yo ya, de verdad, que no sabía lo que estaba pasando.

¿Dos veces que “sé lo que me va a caer” y dos veces que suspendo? Ya no era normal eso.

Se me vino el mundo encima. Solo quería estar sola y llorar, llorar mucho. Pero no podía. El verano me lo pasaba trabajando mañana y tarde, así que tocaba poner buena cara y “seguir adelante”. Por supuesto dejé de prepararme el oral.

Reclama, reclama, reclama…

Esas fueron las palabras de Almudena, mi preparadora.

Pero yo no quería reclamar. Total, no iba a servir de nada… Y si servía, iban a poner cualquier excusa como en Castilla-La Mancha.

Yo seguía con el trabajo, sin querer pensar en oposiciones y ella seguía recordándome que reclamara. El tiempo pasaba y yo seguía sin reclamar. No iba a perder una mañana de trabajo para ir a imprimir la reclamación, rellenarla, ir a Correos, echarla… pasaba de todo eso.

Almudena me dijo que este año era distinto. Era online. Pero yo seguía en mis trece de no perder ni 3 minutos para mandar una reclamación que no iba a servir para nada. Estaba muy desilusionada, decepcionada, enfadada…Esta vez sí, y mucho.

Un día, recibo un mensaje de Almudena nuevamente: ¿Has reclamado? Mañana se acaba el plazo. Y ya dije, mira, voy a reclamar. Total, es online y tardaré 3 minutos.

Reclamé y este fue el mensaje que me mandaron: “Su reclamación número seis mil quinientos y algo… (no lo recuerdo) ha sido recibida con éxito”. Yo ya ahí empecé a reírme y a decir: “¿la 6.500? sí, que se la van a leer, vamos…” Seguía con el mismo estado de ánimo que los días anteriores. Incluso peor, porque veía un número excesivo de reclamaciones.

Ahora había que estar pendiente de mirar a ver si mi nota había cambiado una vez acabado el plazo de reclamaciones. Yo no le echaba muchas cuentas, veía imposible que leyeran mi reclamación y mucho menos, que subieran mi nota para pasar al oral.

Pasó el plazo de reclamaciones y me llegó otro mensaje de Almudena, para que mirara la nota, que sabía de una chica a la que se la subieron. Pero claro, eso fue por la mañana, y yo hasta el mediodía no podía mirarlo por internet. Tampoco tenía mucho ánimo. Iba a abrir la página y me iba a encontrar de nuevo ese 4.85.

Pero… ¡sorpresa! ¡Aparecía un 5.3!

Me quedé loca, no me lo podía creer. Me temblaba todo el cuerpo. ¡Qué alegría, qué emoción, habían leído mi reclamación!

El último empujón

No había tiempo que perder. Ya perdí suficiente desde que hice el escrito hasta que miré mi nueva nota. Tiempo que perdí de preparar el oral; pero no tenía cuerpo, y mucho menos si estaba suspensa. Solo me quedaban 15 días, ya que me informaron que mi examen oral era el 14 de julio (oooooooootra vez el 14).

Sacaba tiempo de donde no tenía, para ensayar programación y ultimar detalles de algunos materiales manipulativos de las unidades didácticas. Hasta el último día estuve imprimiendo todo y organizándolo para poder llevarlo a la exposición.

Recuerdo que eran días de muchos nervios, taquicardias, visitas a la papelería, tranquilizantes,…pero ya quedaba menos, ya era dar el último empujón.

Parecía que lo que empezó como un auténtico desastre se iba enmendando poco a poco. De estar suspensa y hundida, me vi haciendo el oral y más contenta que unas castañuelas.

Todavía no acaba aquí la cosa…

Ya sí que sí. Llegó ese 14 de julio a las 8.30 de la mañana.

Se produjeron los llamamientos y yo exponía la número……………. ¡sí!……… ¡4!

Me tocaba la encerrona a eso de las 12.00 más o menos, pero decidí quedarme en el instituto, porque el hotel ya lo habíamos dejado, y para qué ir a otro lado, con los nervios que tenía.

Allí me quedé sola, porque los demás compañeros que exponían antes, sí que iban y venían. Me tomé ese ratito para repasar por última vez la exposición de la programación y después lo dediqué a relajarme. Respirar y tranquilizarme. Aguantar lo mejor posible ese tiempo de espera.

Hasta que llegó la chica que exponía justo delante de mí. Estaba muy nerviosa, así que hablé con ella para intentar tranquilizarla. Hasta que se me ocurrió la brillante idea de preguntarle para qué nivel había hecho la programación y unidades y sobre qué área.

Me quedé a cuadros cuando me contestó que para 3º y de matemáticas. Yo tenía lo mismo. Ya sí que pensé: “¿de verdad esto puede estar pasando?” Hay que tener mala suerte para que la chica justo que va delante de ti tenga el mismo nivel y la misma área que tú. Está claro que en lo único que nos íbamos a diferenciar era en los materiales manipulativos, porque los contenidos, objetivos, criterios, estándares… eran iguales.

Llegó a mí otra vez el estado de nervios, porque claro, el tribunal iba a escuchar, como aquel que dice, dos veces lo mismo y seguido. Y encima ella antes, con lo que ya me van a comparar. No salía de mi asombro. Vaya añito de oposiciones, y vaya suerte…¿Qué más podía pasar?

Al final no salió todo tan mal

Llegó la hora de la exposición de la chica y mientras ella exponía yo tenía mi hora de encerrona.

Así que fui al aula para aprovechar esa hora repasando los materiales de la unidad didáctica que había elegido minutos antes.

Cuando pasó media hora llaman a la puerta. Era un miembro del tribunal para decirme que mi compañera había abandonado la exposición y se había ido. Que si yo quería adelantar la mía o agotar la media hora que me quedaba de encerrona. Ya no vi peligro, porque si la chica abandonó, esa exposición no tenía buena nota, así que decidí adelantar el tiempo y exponer yo. Respiré tranquila.

Mi exposición oral

Para sorpresa mía, hice una exposición de lo más tranquila. Para como yo soy, de nerviosa e inquieta, en esa media hora parecía que una calma y paz interior se había metido en mi cuerpo y no me dejaban ponerme nerviosa. Era una sensación rara.

A la vez que iba hablando, iba pensando en que no podía creer que estuviese tan tan tan tranquila, exponiendo todo tal y como lo había ensayado y dentro del tiempo establecido. Y eso que hubieron imprevistos: un miembro del tribunal no estaba, otro salió a hablar por teléfono…A lo mejor me estaban poniendo a prueba a ver cómo actuaba.

Yo seguía a lo mío, hablando y enseñando los materiales que llevaba. Acabé mi exposición y salí del aula. La suerte estaba echada.

Últimos días de nervios

Tocaba volver a casa y esperar la nota. Recuerdo esos días de mucha incertidumbre y nervios. ¿Aprobaría o no? Reflexionaba acerca de cómo había sido ese año de oposiciones, los cambios que había experimentando y las cosas que habían ocurrido.

Llegó el día de mirar la nota. Me volvía a temblar todo. Era una sensación entre querer saberla ya y a la vez estar asustada por si era un suspenso.

¡Pero no! ¡No era un suspenso! Saqué un 5 y poco en el oral y de media con el escrito un 5.6.

A mi parecer era bajita la nota, pero me podía dar con un canto en los dientes, cuando descubrí que de, más o menos, unas 80 personas que había en mi tribunal al inicio del proceso, solo 16 habíamos pasado las dos pruebas y… ¡entrábamos en la bolsa de aprobados interinos!

Las notas fueron muy bajas. La más alta era un 7.6, así que yo estaba contenta, aunque me esperaba más nota, todo hay que decirlo. Por lo menos entraba en bolsa.

Y… ¿a que no sabéis en qué puesto quedé yo de esos 16? ¡Sí! ¡En el puesto 14!

Así que, en estos momentos, estoy en la bolsa esperando que me llamen. Ojalá sea así.

A seguir luchando por mi sueño

Aunque el entrar en bolsa no asegure el trabajar en un cole, la mayor satisfacción que podemos tener mientras nos llaman, es pensar en que hemos sido capaces de superar y aprobar unas oposiciones, tal y como está el sistema educativo actualmente. Tenemos que agarrarnos a esa motivación y seguir dando lo mejor de nosotros y esforzándonos al máximo para conseguir nuestro sueño.

Y mientras me llaman o no, aquí sigo, luchando por mi deseo.

¡Hay que ir a por todas en la próxima convocatoria, en el año 2019!

Yo tengo las pilas cargadas y, de hecho, estoy perfeccionando y añadiendo cositas nuevas a la programación y unidades didácticas. También dar un aire nuevo a los temas, no viene mal, pero eso será más adelante. No hay que perder el hábito que ya mismo llega ese junio de 2019.

Consejo personal:

Para concluir, me gustaría dar unos consejos personales para las personas que lean estas palabras.

Sé que los años de preparación son largos y a veces, intensos. Hay momentos de bajón, donde ves todas las puertas cerradas. Pero como dicen, “cuando se cierra una puerta se abre una ventana”, nunca hay que perder la esperanza.

Si tenéis la oportunidad de que en vuestro camino os acompañe un preparador, preparadora o academia, mucho mejor. Ellos mejor que nadie nos entienden y nos saben guiar de la mejor manera posible cuando estamos perdidos. Saben darnos la confianza que nos falta por momentos y a sentirnos seguros de nosotros mismos.

Desintoxicaros de algunas personas de vuestro alrededor, que seguramente tendréis. Personas que no entienden que somos valientes por arriesgarnos a perseguir nuestros sueños. Personas que nos ponen trabas para no llegar a nuestros objetivos. Personas que nos absorben, simplemente porque nos soportan la idea de que podemos tomar las riendas de lo que queramos. 

Rodearos de gente con la que estéis a gusto, os entienda, respete, valore, y sobre todo, os escuche. Al fin y al cabo, los días negros, no son tan negros si los compartimos con alguien que nos escuche.

“Espero de corazón que luchéis por lo que realmente queréis. Que vayáis a por todas y si no lo conseguís a la primera, no pasa nada, hay que seguir intentándolo que algún día llegará. Esta frase me la repito y me la repiten mucho a mi alrededor… ¿Y si llevan razón?…”

Ya sí termino, pero antes, me gustaría añadir los links donde podéis obtener mucha mucha mucha información sobre el tema de las oposiciones de la mano de Almudena Palacios, mi preparadora.

Youtube: https://www.youtube.com/user/PMalmudena

Blog: https://www.educacion-primaria.es/blog/

Facebook: Grupo de “Educación Primaria” y “Opositores docentes al borde de un ataque de nervios”.

Ha sido un placer contar mi experiencia.

Un saludo,

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3 comentarios en “Presentarme a las oposiciones pero… ¿por dónde empiezo?

  1. Hola Yolanda!! No, yo en las comunidades que me he presentado no he tenido que leer mi examen.
    Al principio cuesta, no es un camino sencillo y más si la primera vez te ves “sola ante el peligro”. Ya verás que cada año estarás más en “la onda” de este mundillo y poco a poco con ilusión, organización y constancia todo se puede! Y paciencia, mucha paciencia!!!! Para que te sirva de ayuda puedes visitar los enlaces que nombro al final del post jeje
    Un besito

  2. Solo me he presentado una vez. Por problemas económicos lo hice por mi cuenta y bueno… Me valió para ver cómo es. Por lo que veo tu no has tenido que ir a leer tu examen después de escribirlo, en Extremadura te toca ir a la semana a leer y esto es lo que te puntúan y yo me eché a llorar de ver lo poco y sin calidad que había escrito ?
    Espero 2019 sea mi año

    • Hola Yolanda, muchas gracias por tu comentario y contarnos tu experiencia.

      Entiendo como te sentiste, pero si te vuelve a pasar, haz como si nada, no llores delante de ellos, aunque después te hinches a llorar, pero a veces están cansados y lo mismo hay cosillas que se pasan por alto, tu siempre positiva hasta el final y defendiendo tu trabajo lo mejor posible.

      Un abrazo y ánimo para el 2019.

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